Voz off de “Pan, Trabajo y Libertad”

La acuarela (*)

Eran cerca de las once de la noche del 13 de agosto de 1976. Esa mancha de color negro que se parece al cuerpo de un hombre, representa al joven Javier Verdejo Lucas. Fue abatido por un tiro de la guardia civil cuando intentaba huir. La bala le atravesó la garganta (…) y murió en el acto. Su única arma era un bote de spray de color rojo, y, su único delito, intentar escribir sobre un muro una consigna política: PAN, TRABAJO y LIBERTAD.

Javier no estaba sólo. Los tres camaradas que le acompañaban se escondían muy cerca. Estaban vigilando. De repente uno de ellos grita: ¡Javier Corre! Se oyen unos ruidos. Unos pasos firmes. Y otro grito: -¡Alto a la Guardia Civil! El siguiente ruido fue un disparo.

Éstas tres figuras representan a los chicos que entonces permanecieron escondidos.

Rafa

Conocí a Rafa hace ya algunos años, él era un joven estudiante de Instituto que hablaba apasionadamente de todo lo que quería hacer en la vida.

Una tarde, Rafa me sorprendió con el relato de un acontecimiento que había marcado dolorosamente la historia de su familia: su tío, un joven militante comunista, había sido asesinado en Almería en los últimos tiempos de la dictadura franquista.

Cuando en el año 2010, los productores me proponen realizar una pelicula en torno a algunos casos de impunidad durante la llamada “transición” a la democracia en España, comencé a investigar.

Poco después, el recuerdo de aquel joven entusiasta y su deseo de conocer algo más acerca de su propia historia me llevaron a esbozar un posible camino.

Una huella

Nos animaron a visitar este lugar porque se parecía mucho a esas casetas de baño donde mataron a Javier. Ésto es lo único que queda de aquel tipo de construcciones. Después de 34 años, vemos cualquier huella, incluso la más superficial, y pensamos que puede ayudarnos a desenterrar esta historia. Pero no sólo los paisajes no son ya los mismos, sino que también las personas han cambiado. Incluso algunos han muerto, y otros prefieren vivir con el silencio.

El dibujo de M.

De los tres chicos que estaban con Javier aquella noche, sólo uno de ellos aceptó hablar con nosotros. No quería ser filmado, ni tampoco que fuera pronunciado su nombre.

Junto a la ventana que daba a su pequeño jardín, discutió las razones para hacer esta película. Y precisó: los fondos de las instituciones públicas deberían utilizarse para investigar quien fue el hombre que disparó el arma y para señalar a los responsables del asesinato, porque muchos de ellos continúan políticamente activos hoy en día.

Cuando le pedimos que nos contara qué pasó aquella noche, realizó este dibujo. Nos señaló dónde estaba situado cada uno de los cuatro chicos que formaban aquel piquete. Uno de ellos fue quien advirtió a Javier de la presencia de la Guardia Civil. Poco después oyó el tiro. Se quedó quieto durante un tiempo y luego se desplazó hasta el lugar donde debían tener la cita de seguridad. Javier no apareció.

Contradicciones

Aquella noche Rafa se había desmoronado. Quizás todas esas contradicciones le estaban sobrepasando o quizás éramos nosotros quienes pedíamos demasiado.

Lo cierto es que cuando al día siguiente, le propusimos que elaborara él mismo su discurso para contarlo después ante la cámara, nos dimos cuenta de que no había encontrando otro lugar desde el que situarse, otro lugar desde el que hablar de la trágica historia de su tío, que no fuera el que le había sido transmitido por su propia familia.

El lugar

Y éste lugar es el final de nuestro camino. Todo lo que podemos ver hoy aquí, antes no existía.

Javier estaba pintando detrás de éste edificio, mirando hacia la dirección en la que nos encontramos nosotros ahora. Justo aquí delante, en lugar de este bloque de viviendas, estaban aquellas casetas de baño, y entre unas y otras, había unos pequeños pasillos oscuros y estrechos que llevaban hasta la calle de atrás, donde él se encontraba.

El lema que trataba de pintar quedaría para siempre inacabado. Y al amanecer del 14 de agosto de 1976, el cuerpo de Javier Verdejo aparecía aquí, sobre la arena, rodeado de una enorme mancha de sangre. Detrás de nosotros está el mar.

[Pilar Monsell. Barcelona, septiembre 2010]

—-

(*) La acuarela que abre “Pan, trabajo y libertad” fue pintada por Jorge Castillo hacia el final del verano de 1976. El pintor gallego se encontraba en Cabo de Gata cuando Javier Verdejo fue asesinado; enormemente tocado por aquel acontecimiento, Jorge Castillo comenzó inmediatamente a pintar una serie de acuarelas que aludían directamente a la muerte del joven y a la responsabilidad de la Guardia Civil en el caso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s