Dos sueños después

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Dos sueños después, una película dirigida por pilar monsell (18 min, 2017).

FESTIVALES

Biznaga de Plata – Premio Especial del Jurado, Sección Cortometrajes Documentales en el XX Festival de Málaga – Cine en Español, Marzo 2017

Mención de Honor, Section Fronteras Destruidas del Festival Internacional de Cine Independiente de Lima, Perú. Junio 2018

Nominación a Mejor Cortometraje Documental, Premios ASECAN del Cine Andaluz, Diciembre 2018

Sección Competición International de Cortometrajes en Fronteira – Festival International Experimental & Documentaire – Goiana (Brasil). Mars 2017

Sección Pasajes de Cine, FILMADRID – Festival Internacional de Cine. Junio 2017

Festival Mondial du Cinemas Sauvages de Bruselas (Bélgica). Junio 2017

WORM Back to the Future – Festival for Analogue Film and Optical Sound, Roterdam (Países Bajos). Noviembre 2017

Section InfoSpain, Festival Internacional de Documentales y Cortometrajes de Bilbao – ZINEBI, Noviembre 2017

Sección Panorama, Festival Internacional de Cine Independiente L’Alternativa, Barcelona. Noviembre 2017

International Experimental Film Festival Analógica ’17, Bolzano-Merano (Italia). Noviembre 2017

OTRAS PROYECCIONES

 

Ciné-club Î Mykry Reikjavik (Islandia) Febrero 2018.

La Monarca Symposium – Adam State University, Colorado (USA). Febrero 2018.

X LUPA DOC 2017, Muestra de Film Documental, San Sebastián. Mayo 2017.

Cine por venir, Encuentros de cine contemporáneo. Las Naves, Valencia, Mayo 2017.

Filmoteca de Andalucía, Proyección de Nominados a Premios ASECAN. Córdoba, Junio 2018.

Blogs & Docs – Busca Raons / Zumzeig Cinema, Barcelona. Noviembre 2018.

Apparitions: Recent Handmade Wonders from L’Abominable” – Los Angeles Film Forum (USA). Septiembre 2019.

Films from L’Abominable (9/19)” – Microlights Milwaukee (USA). Septiembre 2019.

Exposición “Desprendimientos” con Pilar Monsell, Juan López López y Santiago Bravo.  Sala Galatea – Casa Góngora, Córdoba. Octubre-Diciembre 2019.

 

SINOPSIS – ES

Algunos sueños, decenas de habitaciones de hotel, una huida. Un bosque de pinos. Algunas mujeres de espaldas, mirando al mar. El contra-plano de la felicidad. El vacío que se produce en medio de un doble y complejo movimiento: aquel de querer escapar y no ser capaz de dejar atrás aquello que nos lo impide.

SINOPSIS – ENG

A few dreams, dozens of hotel rooms, an escape. A pine forest. The backs of some women, looking at the sea. A counter-shot of the happiness. The emptiness that remains after a complex, two-way movement: that desire to escape and the inability to leave behind that which stops us from doing so.

SINOPSIS – FR

Quelques rêves, une douzaine de chambres d’hôtel, s’évader. Une forêt de pins. Les dos de plusieurs femmes qui regardent la mer. Le contre-champ du bonheur. Le vide qui reste après un double mouvement complexe : le désir de s’échapper et l’impossibilité de laisser derrière soit ce qui nous empêche de partir.

FICHA TÉCNICA

Duración/ Length: 18 min

Año de producción/ Year of Production: 2017

País de producción/ Country: España / Spain

Formato de grabación/ Original format: super 8 color & b/n, 16 mm color, foto b/n

Formato de proyección/ Screening format: 16 mm + DCP + ProRes

Idioma original/Original language: castellano / spanish

Subtítulos/ Subtitles: english, français

CRÉDITOS

Imagen, texto, montaje, voz 1: pilar monsell // Sonido: hamid martín // Ayudante de montaje: marguerite valentín // Voz 2: maría arnal // Producción: rita dessinger // María arnal canta el verso de antonio machado “Estos días azules y este sol de infancia” (1939) / gráfica: sergio espín

Una película producida por Proxémica y realizada gracias al Premio Panorama Platja D’Aro de L’Alternativa Festival de Cinema Independiente de Barcelona. Con la colaboración de Laboratorio reversible y L’Abominable.

NOTAS DE DIRECCIÓN

Realicé esta pieza como una suerte de ejercicio de desprendimiento. Necesitaba crear la figuración de un viaje de huida para soltar el lastre del fantasma de una relación que me venía persiguiendo desde hacía años causada al separarme de alguien sin poder tener nunca una verdadera despedida. Aquel había sido un corte bruto impuesto por una enorme distancia física entre nosotros y por una inmensa incapacidad de aprehenderla.

Pasaron varios años en los que, cada cierto tiempo, me ahogaba en una serie de loops de angustia que me sobrecogían y me hundían hasta rozar heridas tal vez inmemoriales, heridas de otras experiencias más antiguas que ni siquiera era capaz de nombrar pero que se apoderaban de la fuerza de mis sentimientos con una energía devastadora. Lo sentía como una serie de bajadas al reino de Hades, ese inframundo de los griegos tan oscuro y subterráneo, la morada de los muertos, el territorio donde monstruos y titanes se encuentran atrapados.

Durante aquellos tiempos de la presencia del inframundo, estaba comenzando a trabajar en cine de soporte foto-químico, en los formatos de super 8 y 16 mm. A menudo probaba cámaras viejas y testeaba el funcionamiento de sus mecanismos mientras tanteaba también sus posibilidades plásticas, su cualidad densamente matérica y pesada. La dimensión histórica del super 8 como soporte del cine doméstico y su imagen en color y movimiento como muestra de la felicidad familiar me provocaba la necesidad de discutir, de discutir la codificada felicidad de su plasticidad.

Los loops de angustia continuaban regresando así que terminé por darme cuenta de que no tenía otro camino posible que adentrarme entre los fantasmas, dialogar con ellos. Así fue que me decidí a pasear por mi inframundo, a poner en él toda mi atención flotante, a mirar y escuchar los signos que allí se hallaban y a encerrarme con ellos durante unos días.

Hacia el final del invierno de 2016, gracias al premio que recibí por una película anterior (África 815, 2014), me ofrecieron realizar una estancia solitaria en la habitación de un hotel frente del mar en una pequeña (y en ese momento vacía) población turística de la costa catalana. Un premio me regalaba el espacio para un duelo. Cuán extraña puede sernos la economía de las despedidas.

Me lancé al viaje con maletas pesadas. Llevaba conmigo algunos elementos viejos y otros nuevos con los que afrontaría la posibilidad de hacer un ejercicio plástico de duelo: una cámara de super 8 CANON AUTOZOOM 844 sin testear, es decir, sin saber si funcionaba o no correctamente, dos bobinas de super 8 de 3 min de duración cada uno – una ektachrome 100D y una Wittner Chrome 100D -, una cámara de fotos Nikon F10 del abuelo de mi amigo Raúl con una decena de carretes Ilford FP4 B/N, una grabadora de sonido digital Zoom H4N, una caja con más de cuarenta fotografías en b/n de las habitaciones de hotel en las que había dormido sola durante los últimos dos años de viajes por festivales de cine para mostrar esa misma película anterior por la que me dieron el premio, un texto que había escrito hacía algunos años para una pieza cuyas imágenes sobre la fluidez del agua nunca llegué a realizar y el recuerdo de un sueño que ponía en escena esa despedida que nunca tuvimos y que parecía que me anunciaba algo.

Con todo aquello me encerré allí. La habitación de hotel se convirtió en mi estudio de montaje, de escritura. Recorrí los alrededores en busca de signos que pudieran hablarme de mi propio duelo. Encontré el bosque de pinos, un lugar donde tenía inscrito el recuerdo de un momento de felicidad. Y en aquella habitación soñé de nuevo, un segundo sueño con toda su violencia se sumaba al anterior. Escribí los sueños, los recité. Tomé fotografías de mi nueva habitación de hotel, de nuevo sola, la cama deshecha, las sábanas entregadas a sus pliegues. Encontré aquella pequeña escultura de una mujer que miraba al mar y me pasee un poco más. Había más mujeres, yo no era la única. Ellas también miraban al mar, como yo, como aquella niña, como un horizonte liberador que a su vez nos devuelve las olas del mar en su imparable eterno retorno.

Terminé la pieza. Fue mi primera película en soporte foto-químico. El trabajo fue duro, los materiales densos, los olores de los químicos fuertes y tóxicos, las máquinas pesadas y metálicas, los procesos complicados, los errores infinitos, los temblores lo invadían todo, los aparatos a veces se rompían. Los sueños dejaron de tener intensidad pero no desaparecieron. No queremos desprendernos de aquello que perdemos porque, en el fondo, es para nosotros un rico pozo de relatos e imágenes. Hubo un tercer sueño e incluso un cuarto. La disolución no llegó por medio de las imágenes y sonidos, tan sólo se posó en ellos por un tiempo.

 

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